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ara
que el inicio de la causa de beatificación se llevara a cabo (en
la Solemnidad de Cristo Rey, del 20 de Noviembre de 1994) tuvo que
pasar un largo tiempo en medio de muchas dificultades. |
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| Imaginémonos, había que superar nada menos que la condena que sufrieron sus escritos en 1938. La historia de todo el proceso hasta llegar a este momento ha sido largo y penoso. Todo inició con el siguiente decreto de la Suprema Congregación del Santo Oficio (13 de Julio de 1938):
Pocos días después, el 11 de septiembre, en el “Osservatore Romano” el periódico del Vaticano, fue publicado un artículo anónimo, denigrando de Luisa y de sus escritos y poniendo en alerta al público. Luisa responde a la Iglesia “espontánea y pronta” con absoluta sumisión, a través de la siguiente carta:
He aquí lo que Nuestro Señor mismo le dice a Luisa en él último volumen (18 de septiembre de 1938) con motivo de la condena:
No podemos dejar de notar que así como la condena fue aprobada con el voto general de “la Suprema Congregación del Santo Oficio, los Eminentísimos y Reverendísimos Señores Cardenales encargados de proteger las cosas de fe y de costumbres”, de “los Señores Consultores”, y por SS. Pío XI, del mismo modo, la providencia quiso que la misma Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, los Eminentísimos y Reverendísimos Señores Cardenales, con a la cabeza el Cardenal Ratzinger, cancelaran la condena, no sin el voto personal y decisivo de SS. Juan Pablo II, como por su parte SS. Pío XI, firmó la condena. Los enemigos, por lo que se ve, eran poderosos, y se habían infiltrado hasta no se sabe dónde. La condena fue del todo inesperada e inexplicable desde el punto de vista humano, pero ciertamente desde el punto de vista divino no podía faltar, pues no puede darse que una obra de Dios no sea honrada con la corona de la persecución. Y definitivamente, de acuerdo a la grandeza de la misión así debía ser la persecución. Hubo muchos intentos para obtener alguna aclaración, para quitar aquello que la Suprema Congregación del Santo Oficio considerara contrario a la sana doctrina de la fe, para que quitando lo que estaba mal se pudieran seguir publicando y continuara el bien que estaban ya haciendo estos escritos. Claro, con qué gusto habrían dicho qué estaba mal, para, con razón suficiente, justificar la condena, pero ¡nada!, porque no había nada, de lo contrario habría ido de por medio la honra de obispos, de revisores eclesiásticos, y hasta del mismo San Aníbal María De Francia. En una carta de Luisa que conservamos, escribe:
Pero para que se aclarara todo era necesario que pasaran muchos años. Apenas Luisa Piccarreta murió, su último Confesor, Don Benedetto Calvi, se dedicó a recoger y ordenar del mejor modo posible todo lo necesario para el inicio de la causa de beatificación de la cual él estaba seguro algún día se llevaría a cabo. Muy feliz estará ahora que todo sus esfuerzos se vieron premiados. Realmente sin todo lo que él hizo, mucho o muchísimo de todo lo que se tiene para el proceso de beatificación se habría perdido. Nuestro Señor había dispuesto que no fuera él quien iniciara dicha causa de beatificación, estaba muy reciente la condena, y no es que fuera algo tan fácil beatificar a quien había sido condenado, aunque por lo demás la historia está llena de casos por el estilo. Ya mencionamos uno de los más recientes, el de Santa Faustina Kowalski, quien también fue puesta en el índice de libros prohibidos; y aquí podríamos citar muchos más, pero no es el lugar. En 1968 muere Don Benedetto Calvi y prácticamente queda sepultado todo. Quedaba como único testigo la Srita. Rosario Bucci, a quien, como lo testimonia ella misma, Luisa le dijo un día que ella habría de ser la primera persona que diera su testimonio. También le dijo en alguna ocasión, que un día vendrían dos sacerdotes vestidos de blanco venidos de muy lejos para sacar a la luz sus escritos y toda la doctrina de la Divina Voluntad. Y así fue. ¿Cuál no habría sido su sorpresa cuando se encontró un día al abrir la puerta de su casa con estos dos sacerdotes con su hábito blanco y que además se presentaron como Hijos de la Divina Voluntad? Sí, llegó un día de 1974 a Corato una comunidad que había nacido apenas unos 4 años atrás y que se llamaba “Legionarios Blancos de Nuestra Señora”, pero que con motivo de la lectura de alguno de los escritos de Luisa Piccarreta se había transformado totalmente, al grado que con una nueva aprobación de su Obispo cambió de nombre a “Hijos de la Divina Voluntad”. Nacida en Frascati, diócesis suburbicaria de Roma, pidieron al entonces Obispo del lugar que les permitiera trasladarse a la ciudad de Corato, ciudad natal de Luisa, para, en el lugar, poder profundizar más seriamente el estudio de los escritos de la Divina Voluntad que Luisa escribiera y así mismo, investigar para ver las razones por las cuales su proceso de beatificación no había iniciado. Fue así como los miembros de esta comunidad se dieron cuenta de que algunos de los escritos de Luisa Piccarreta habían sido puestos en el índice de libros prohibidos por el entonces Santo Oficio. ¿Cuál no habría sido su sorpresa? Apenas había nacido la comunidad y ya pesaba sobre ellos una condena. Y como hijos de una “condenada” así fueron tratados por muchos años y por diferentes lugares del mundo. No obstante, conociendo que no había nada condenable en dichos escritos, decidieron investigar y hacer lo posible para dar inicio al proceso de beatificación. El entonces Obispo de la Diócesis de Trani, Diócesis a la cual pertenece aun hoy la ciudad de Corato, les dio entonces una carta en la que se les autorizaba a recoger toda la información necesaria para iniciar el proceso de beatificación, esto es, elaborar el documento de la conveniencia de la causa de beatificación de Luisa Piccarreta. El obstáculo mayor fue siempre la condena. Para dar inicio al proceso era necesario que La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe diera su “Nihil Obstat”, pero parecía que sí había un obstáculo, y era precisamente la condena. Pasaron los años y la comunidad tuvo que dejar la Diócesis, quedando todo otra vez como sepultado, pero sepultado como la semilla que debe enterrarse y perderse en la tierra para que fecunde a su debido tiempo. También en los corazones de los miembros de la comunidad había quedado bien sembrada la semilla y era alimentada constantemente en el silencio, nutriéndose de dichos escritos y de la oración haciendo fuerza para que la condena fuera levantada, y por supuesto, no sin persecución, ¡hijos de una condenada! Años después, la providencia fue moviendo las cosas y como ya sabemos fue beatificado el Padre Aníbal María di Francia, en 1991. Seguramente esto dio motivo a que se movieran las cosas. De hecho en una ocasión, recién beatificado el Padre Aníbal, Mons. Giuseppe Carata, el entonces Obispo de la Diócesis de Trani: dijo: « Con la Beatificación del Beato Aníbal María De Francia han sido aprobados también por la Iglesia sus escritos y por lo tanto también sus prefacios a las obras de Luisa », obras que el mismo Santo (canonizado el 16 de mayo del 2004) publicó por primera vez, y como hemos mencionado, él mismo aprobó, poniendo su “Nihil Obstat” [ Ver Escritos ]. No obstante todo debía quedar claro, y seguía siendo necesario que se quitara la condena. Pasaron aun algunos años y finalmente la intervención del Santo Oficio fue cancelada el Sábado Santo, 2 de abril de 1994, con el voto unánime de los Cardenales de los diferentes dicasterios romanos, incluyendo el voto y aprobación de SS. Juan Pablo II. Con esto se podía proceder al inicio oficial del proceso de beatificación de Luisa Piccarreta. Se preparó por lo tanto todo, y S. E. Mons. Carmelo Cassati, Obispo de la Diócesis de Trani, dio inicio con una solemne ceremonia el día 20 de Noviembre de 1994, solemnidad de Cristo Rey. Varios meses después, el 30 de enero de 1996, después de 58 años de cautiverio, fueron liberados los escritos de Luisa que habían sido secuestrados. Algunos de los miembros del Tribunal de la Causa de Beatificación de Luisa Piccarreta fueron autorizados por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe para sacar copias de los originales que se conservan en el archivo secreto del Vaticano, para poder así servirse de los originales manuscritos de los volúmenes de Luisa para la continuación de la causa. En junio del 2005 concluyó la fase diocesana de la causa de beatificación de Luisa Piccarreta, como lo comunicó oficialmente la Archidiócesis de Trani-Bisceglie-Barlette-Nazaret el 4 de Junio de dicho año:
Leer noticia de L'Osservatore Romano Esperamos ahora que la historia haga justicia a la Pequeña Hija de la Divina Voluntad, pero más aun a Nuestro Señor mismo, quien, cómo él mismo dijera a Luisa: « Es a mí a quien han condenado ». Pero sabemos bien que, para que sean rehabilitados totalmente los escritos de Luisa y por lo tanto Nuestro Señor mismo, el mejor modo es vivir la plenitud del Reino de la Divina Voluntad que el Señor le enseñó y que ya muchas almas están gozando de los efectos tan benéficos que trae consigo este vivir en la Divina Voluntad, dándole a Dios toda la gloria que él desde toda la eternidad ha esperado recibir de parte de todas las criaturas; gloria digna de un Dios.
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