| “La
iniciación cristiana se realiza mediante el conjunto de tres sacramentos:
el Bautismo, que es el comienzo de la vida nueva; la Confirmación,
que es su afianzamiento; y la Eucaristía, que alimenta al discípulo
con el Cuerpo y la Sangre de Cristo para
ser transformado en El.”
[1]
“Somos
Católicos bautizados y queremos vivir nuestro bautismo” [2]
Creemos en el Evangelio del Reino
y por lo tanto queremos vivirlo en su máxima expresión para la
mayor gloria de Dios:
“La gloria de mi Padre está
en que deis mucho fruto y seáis mis discípulos.” [3]
“Sed perfectos como vuestro
Padre Celestial es perfecto” [4]
“Que, como yo os he amado,
así os améis también vosotros los unos a los otros” [5]
“Para que todos sean uno. Como
tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros,
para que el mundo crea que tú me has enviado” [6]
“Yo en ellos y tú en mí, para
que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has
enviado y que los has amado a ellos como me has amado
a mí” [7]
Deseamos reproducir en un clima
familiar, en la caridad fraterna, el ideal de la comunidad cristiana
vivida en el Hogar de Nazaret, aquel mismo ideal con el que, movidos
por el Espíritu Santo, empezaron a vivir los primeros cristianos.
“En esto conocerán todos que
sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.”[8]
“Acudían asiduamente a la enseñanza
de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las
oraciones... Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo
en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el
precio entre todos, según la necesidad de cada uno.”[9]
“Orar en los acontecimientos
de cada día y de cada instante es uno de los secretos del Reino
revelado a los “pequeños”, a los servidores de Cristo, a
los pobres de las bienaventuranzas. Es justo y bueno orar para
que la venida del Reino de justicia y de paz influya en la marcha
de la historia, pero también es importante impregnar de oración
las humildes situaciones cotidianas”.[10]
“Imítame, cuando yo estaba
en la casa de Nazaret, que no tenía la mente ocupada en otra
cosa sino en lo concerniente a la Gloria de mi Padre y a
la salvación de las almas; mi boca no se abría sino para
hacer santos discursos, tratando de inducir a los demás con
mis palabras a reparar las ofensas que se hacían a mi Padre;
de esta manera saeteaba los corazones, que destrozados por el
dolor y conmovidos por la gracia, eran atraídos a mi amor. Y,
¿qué decirte de los coloquios espirituales que tenía con mi
Madre y con mi padre putativo? En una palabra, todo lo que
se decía se refería a Dios; y todo lo que se obraba estaba dirigido
y referido a él; ¿por qué no puedes tú hacer lo mismo?”[11]
Pidiendo a Dios continua y ardientemente
que reproduzca en nosotros el “Fiat” de María. Este “Fiat”
de cada instante a la Voluntad de Dios, ‑‑desde el
primer momento de su Concepción Inmaculada; cuando el Verbo se
hizo carne en su seno purísimo; cuando lo entregó al Padre en la
cruz consumando el sacrificio perfecto en su mismo corazón; en
la privación de su Hijo-Dios; hasta el momento de su gloriosa Asunción
al Cielo, vivida en perfecta fidelidad a la Voluntad de Dios,‑‑
debe reproducirse del mismo modo en cada instante de nuestras vidas,
en todas las circunstancias, hasta que Jesús mismo forme su vida
en nosotros.
“Al pronunciar
el “Fiat” de la Anunciación y al dar su consentimiento al Misterio
de la Encarnación, María colabora ya en toda la obra que debe
llevar a cabo su Hijo” [12]
“La Virgen
María ‘colaboró por su fe y obediencia libres a la salvación
de los hombres’(LG 56). Ella pronunció su ‘Fiat’ ‘loco totius
humanae naturae’ (“ocupando el lugar de toda la naturaleza humana”)
(Santo Tomás, S.TH. 3, 30, 1): Por su obediencia, ella se
convirtió en la nueva Eva, madre de los vivientes” [13]
“El Verbo
se encarnó para hacernos ‘partícipes de la naturaleza divina’(2
P 1, 4): ‘Porque tal es la razón por la que el Verbo se hizo
hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre,
al entrar en comunión con el Verbo y al recibir así la filiación
divina, se convirtiera en hijo de Dios’(S. Ireneo, Haer., 3,
19, 1). ‘Porque el Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos
Dios’(S. Atanasio, Inc., 54, 3). ‘Unigenitus Dei Filius,
suae divinitatis volens nos esse participes, naturam nostram
assumpsit, ut homines deos faceret factus homo’ (‘El Hijo Unigénito
de Dios, queriendo hacernos partícipes de su divinidad, asumió
nuestra naturaleza, para que, habiéndose hecho hombre, hiciera
dioses a los hombres’)(Santo Tomás de A., opusc 57 in festo
Corp. Chr., 1)” [14]
“Concédenos
Señor todopoderoso, que de tal manera saciemos nuestra hambre
y nuestra sed en estos sacramentos, que nos transformemos en
lo que hemos recibido. Por Jesucristo nuestro Señor” [15]
El cumplimiento del “Fiat”
es lo primordial en nuestras vidas. Es este “Fiat” el que
hace que Dios pueda realizar en cada uno de nosotros su designio
divino, ese designio que desde siempre está en el corazón de Dios:
que el hombre sea su perfecta imagen y semejanza.
“Bendito
sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha
bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los
cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en él
antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados
en su presencia, en el amor; eligiéndonos de antemano para
ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el
beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de
su gracia con la que nos agració en el Amado” [16]
“...En
ellos recobra el hombre la primera santidad que de ti había
recibido, y gusta ya en la tierra los dones reservados para
el cielo.” [17]
"La gloria de Dios consiste
en que se realice esta manifestación y esta comunicación de
su bondad para las cuales el mundo ha sido creado. Hacer
de nosotros ‘hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según
el beneplácito de su Voluntad, para alabanza de la gloria
de su gracia’ (Ef 1, 5-6): ‘Porque la gloria de Dios es el hombre
vivo, y la vida del hombre es la visión de Dios: si ya la revelación
de Dios por la creación procuró la vida a todos los seres que
viven en la tierra, cuánto más la manifestación del Padre por
el Verbo procurará la vida a los que ven a Dios’ (S. Ireneo,
Haer. 4, 20, 7). El fin último de la creación es que Dios,
‘Creador de todos los seres’, sea por fin «todo en todo» (1
Co 15,28), procurando al mismo tiempo su gloria y nuestra felicidad”(AG
2) [18]
“...Sin
patrones preestablecidos estando dispuestos a pronunciar nuestro
Fiat a lo que Dios quiera, sea lo que sea.” [19]
“¡No
importa; ahora para donde tú quieras, Dios Mío; aquí estoy!
¡La aventura de la Voluntad de Dios!” [20]
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