Hijos
de la Divina Voluntad:
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| Reseña de la visita
La Santa Misa fue concelebrada por el Padre Pedro Rubio hdv (coordinador general de la Comunidad), el Padre Oscar Rodríguez (miembro de la comunidad en la diócesis de Armenia) y el Padre Martín (párroco de la zona). El salmo del día marcó la clave de la homilía y de la celebración: "Alegraos, justos, en el Señor" (Sal 96). Con este mismo tono despide el Sr. Arzobispo a la asamblea, al final de la Santa Misa: "Este encuentro con el Señor nos ha debido dejar una buena dosis de alegría cristiana para nuestra vida. Con estos sentimientos se pueden ir en paz".
Así concluyó el retiro mensual del mes de agosto en Medellín, con la asistencia de más de un centenar personas. Monseñor Alberto Giraldo nos honró con su compañía en la cena y compartió familiarmente algunos momentos con los miembros internos de la sede de Medellín. Al despedirse, impartió su bendición en la capilla de adoración al Santísimo Sacramento.
+ Demos siempre gracias a Dios.
Resumen de la homilía de Su Excelencia Monseñor Alberto Giraldo, arzobispo de Medellín en la Santa Misa
El encuentro de hoy en la Palabra y en la Eucaristia debe tener como resultado la alegría, debe reflejarse en nuestra vida la alegría de estar con el Señor: "Alegraos, justos, en el Señor" (Sal 96); "un santo triste es un triste santo". Dios nos ha llamado a una vida sagrada, a una vida de santidad, es decir a una vida en la que aparezca con toda claridad y con todo realismo, que Dios es el primero. Vivir como consagrados es entonces vivir una vida en la que nosotros estando en el mundo no somos del mundo y damos signo de una serie de valores que se han ido olvidando. El cristiano debe adoptar un estilo de vida en el que priman las personas antes que las cosas, el espíritu antes que la materia, la ética antes que la técnica; viviendo así, estamos entonces haciendo la Voluntad de Dios. Esperamos al Señor y lo esperamos con las lámparas encendidas, y como no sabemos cuándo llega, debemos tener buena provisión de aceite para que las lámparas no se apaguen (Mt. 25,1-13). Por supuesto el Señor llega en el momento en el que termina nuestra vida; pero esa última y decisiva venida del Señor, está anticipada por muchas venidas a nuestra propia vida: "Mira que estoy a la puerta y llamo, si oyes mi voz y abres, entraré y cenaré contigo" (Cf. Ap. 3,20). El Señor llega, está llegando; a veces llega de una manera poco agradable a nosotros, y llega también cuando en el silencio de la oración nos va moviendo a hacer su Voluntad. "Alegraos justos en el Señor"; este es un encuentro histórico con el Señor, él llega ahora. Esta debería ser una plegaria nuestra: "Señor, enséñanos a calcular nuestros días para que lleguemos a la sabiduría del corazón" (la sensatés del corazón) (Sal 90,12) Que este encuentro con él, marque realmente nuestra vida. Amén |
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