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Hijos de la Divina Voluntad:
« Encuentro histórico con el Señor »


Medellín, 31 agosto del 2007

En este artículo:
Reseña de la visita del Sr. Arzobispo
de la arquidiócesis de Medellín,
Mons. Alberto Giraldo Jaramillo
a la sede de la Comunidad en esta ciudad.

Resumen de la homilía.


Reseña de la visita


Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, arzobispo de Medellín

Unidos espiritualmente con los hermanos de las sedes de Barranquilla y de Guatemala, y de todos los miembros y simpatizantes de nuestra Comunidad, especialmente en Argentina, Chile, Perú, Colombia, México, Usa y Canadá (y también en otras partes del mundo), ofrecimos la Santa Misa en acción de gracias por:


  1. El aniversario de la aprobación definitiva de los estatutos de la Comunidad en la Arquidiócesis de Medellín (agosto 28, 2006).
  2. La ayuda que siempre nos ha brindado la divina providencia.
    Este año finalizamos el pago de nuestra sede de Medellín a la Diócesis de Istmina-Tadó. Hemos iniciado también este año la compra de la futura sede en la arquidiócesis de Barranquilla.
  3. Los favores de la Santísima Virgen María, a quien queremos honrar recordando las diferentes fiestas dedicadas a ella en este mes.
    La fiesta de la Asunción es nuestra fiesta principal.

La Santa Misa fue concelebrada por el Padre Pedro Rubio hdv (coordinador general de la Comunidad), el Padre Oscar Rodríguez (miembro de la comunidad en la diócesis de Armenia) y el Padre Martín (párroco de la zona).

El salmo del día marcó la clave de la homilía y de la celebración: "Alegraos, justos, en el Señor" (Sal 96). Con este mismo tono despide el Sr. Arzobispo a la asamblea, al final de la Santa Misa: "Este encuentro con el Señor nos ha debido dejar una buena dosis de alegría cristiana para nuestra vida. Con estos sentimientos se pueden ir en paz".


Terminada la celebración, el Sr. Arzobispo, salió de nuevo al presbiterio de la capilla, saludando cálidamente a los presentes que se acercaban a recibir su bendición y dedicando un momento un momento de oración personal.

Así concluyó el retiro mensual del mes de agosto en Medellín, con la asistencia de más de un centenar personas.

Monseñor Alberto Giraldo nos honró con su compañía en la cena y compartió familiarmente algunos momentos con los miembros internos de la sede de Medellín.

Al despedirse, impartió su bendición en la capilla de adoración al Santísimo Sacramento.

+ Demos siempre gracias a Dios.






Resumen de la homilía de Su Excelencia Monseñor Alberto Giraldo, arzobispo de Medellín en la Santa Misa



El encuentro de hoy en la Palabra y en la Eucaristia debe tener como resultado la alegría, debe reflejarse en nuestra vida la alegría de estar con el Señor: "Alegraos, justos, en el Señor" (Sal 96); "un santo triste es un triste santo".

Dios nos ha llamado a una vida sagrada, a una vida de santidad, es decir a una vida en la que aparezca con toda claridad y con todo realismo, que Dios es el primero.

Vivir como consagrados es entonces vivir una vida en la que nosotros estando en el mundo no somos del mundo y damos signo de una serie de valores que se han ido olvidando. El cristiano debe adoptar un estilo de vida en el que priman las personas antes que las cosas, el espíritu antes que la materia, la ética antes que la técnica; viviendo así, estamos entonces haciendo la Voluntad de Dios.

Esperamos al Señor y lo esperamos con las lámparas encendidas, y como no sabemos cuándo llega, debemos tener buena provisión de aceite para que las lámparas no se apaguen (Mt. 25,1-13). Por supuesto el Señor llega en el momento en el que termina nuestra vida; pero esa última y decisiva venida del Señor, está anticipada por muchas venidas a nuestra propia vida: "Mira que estoy a la puerta y llamo, si oyes mi voz y abres, entraré y cenaré contigo" (Cf. Ap. 3,20). El Señor llega, está llegando; a veces llega de una manera poco agradable a nosotros, y llega también cuando en el silencio de la oración nos va moviendo a hacer su Voluntad.

"Alegraos justos en el Señor"; este es un encuentro histórico con el Señor, él llega ahora.

Esta debería ser una plegaria nuestra: "Señor, enséñanos a calcular nuestros días para que lleguemos a la sabiduría del corazón" (la sensatés del corazón) (Sal 90,12)

Que este encuentro con él, marque realmente nuestra vida.

Amén