Carta sobre la colaboración del hombre y la mujer
Carta
sobre la colaboración del hombre y la mujer en la iglesia y
en el mundo
Vatican
Information Service
Ciudad
del Vaticano, 31 de Julio del 2004
Copyright
© VIS - Vatican Information Service
00120 Ciudad
del Vaticano
Se ha hecho público hoy un documento
de
la Congregación para la Doctrina
de la Fe
titulado "Carta a los Obispos
de la Iglesia
Católica sobre la colaboración
del hombre
y la mujer en la Iglesia y el
mundo"
El texto, fechado el
31 de mayo de 2004, festividad de la Visitación de la Bienaventurada
Virgen María, se publica en inglés, francés, español, italiano,
alemán y portugués. El Santo Padre lo aprobó durante una audiencia
con el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de ese dicasterio,
y ordenó su publicación.
La carta, de 37 páginas, consta de
una introducción, cuatro capítulos y una conclusión. Los capítulos
se titulan: I El problema; II Los datos fundamentales de la
antropología bíblica; III La actualidad de los valores femeninos
en la vida de la sociedad; IV La actualidad de los valores femeninos
en la vida de la Iglesia.
El arzobispo Angelo Amato, S.D.B., secretario de la Congregación
para la Doctrina de la Fe, ha explicado el fin y el contenido
del documento en una entrevista a Radio Vaticano, que reproducimos
a continuación.
Entrevista
a Radio Vativano del arzobispo Angelo Amato, S.D.B., secretario
de la Congregación para la Doctrina de la Fe
Radio Vaticano: "Tras la 'Mulieres
dignitatem' (15 de agosto de 1988) y la Carta a las mujeres
(29 de junio de 1995), del Santo Padre Juan Pablo II, ¿qué dice
de nuevo sobre la mujer esta intervención doctrinal de la Congregación
para la Doctrina de la Fe?"
Arzobispo Amato: La novedad reside en la respuesta a dos tendencias
bien delineadas en la cultura contemporánea.
La primera tendencia subraya fuertemente la condición
de subordinación de la mujer, que para ser ella misma tendría
que constituirse en antagonista del hombre. Se plantea,
por lo tanto, una rivalidad radical entre los sexos, según la
cual la identidad y el rol de uno son asumidos en desventaja
del otro.
Para evitar
esta contraposición, hay una segunda corriente que tiende a
cancelar las diferencias entre los dos sexos. La diferencia
corporal, llamada sexo, se minimiza y se considera un simple
efecto de los condicionamientos socio-culturales. Se evidencia,
así, como máximo, la dimensión estrictamente cultural, llamada
género. De ahí nace el cuestionamiento de la índole natural
de la familia, compuesta por padre y madre, la equiparación
de la homosexualidad a la heterosexualidad, la propuesta de
una sexualidad polimorfa.
R.V. ¿Cuál es la raíz de esta última
tendencia?
A.A:
Según esta perspectiva antropológica, la naturaleza humana no
lleva en sí misma características que se impondrían de manera
absoluta: toda persona podría o debería configurarse según sus
propios deseos, ya que sería libre de toda predeterminación
biológica.
Frente
a estas concepciones erróneas la Iglesia reafirma algunos aspectos
esenciales de la antropología cristiana fundados en los datos
revelados en la Sagrada Escritura.
R.V: ¿Qué dice la Biblia al respecto?
A.A. La parte más amplia del
documento está dedicada a una meditación sapiencial de
los textos bíblicos sobre la creación del hombre y la mujer.
El primer texto del
Génesis, 1,1-2,4, describe la potencia creadora de Dios que
obra realizando distinciones en el caos primigenio (luz, tinieblas,
mar, tierra, plantas, animales) creando en fin al ser humano
'a imagen de Dios le creó, hombre y mujer los creó'.
La segunda narración de la
creación (Gn 2,4-25) confirma la importancia esencial de la
diferencia sexual. Al lado del primer hombre, Adán, Dios coloca
a la mujer, creada de su misma carne y envuelta por el mismo
misterio.
R.V
¿Qué significa?
A.A: El texto bíblico ofrece tres importantes indicaciones.
El ser humano es una persona, de igual manera el hombre y la
mujer. Están en relación recíproca.
En segundo lugar, el cuerpo humano, marcado por el sello
de la masculinidad o la feminidad, está llamado a existir en
la comunión y en el don recíproco. Por esto el matrimonio es
la primera y fundamental dimensión de esta vocación.
En tercer lugar, si bien trastornadas
y obscurecidas por el pecado, estas disposiciones originarias
del Creador no podrán ser nunca anuladas.
La antropología bíblica por tanto sugiere afrontar desde
un punto de vista relacional, no competitivo ni de revancha,
los problemas que a nivel público o privado suponen la diferencia
de sexos.
R.V.
¿Hay otras indicaciones bíblicas?
A.A.: La carta ofrece consideraciones teológicas sobre la perspectiva
esponsal de la salvación. En el Antiguo Testamento, por ejemplo,
se configura una historia salvífica que pone simultáneamente
en juego la participación de lo masculino y de lo femenino mediante
las metáforas de esposo-esposa y de alianza. Se trata de un
léxico nupcial que orienta al lector sea hacia la figura masculina
del Siervo sufriente que hacia aquella femenina de Sión.
En el Nuevo Testamento se
cumplen todas estas prefiguraciones. Por una parte María, como
la hija elegida de Sión, recapitula la condición de Israel-esposa
a la espera del día de su salvación. Por otra parte, en Jesús,
que asume en su persona el amor de Dios por su pueblo, como
el amor de un esposo por su esposa.
San Pablo desarrolla todo el sentido nupcial de la redención
concibiendo la vida cristiana como un misterio nupcial entre
Cristo y su esposa, la Iglesia. Injertados en este misterio
de gracia, los esposos cristianos, no obstante el pecado y sus
consecuencias, pueden vivir su unión en el amor y la fidelidad
recíprocos.
La consecuencia
es que el hombre y la mujer no advierten ya sus diferencias
en términos de rivalidad y oposición, sino en términos de armonía
y colaboración.
R.V
¿Cuál es la aportación de lo femenino a la sociedad?
A.A La mujer, diversamente
del hombre, tiene un carisma propio que se ha dado en llamar
"la capacidad de acogida del otro". Se trata de una
intuición unida a su capacidad física de dar la vida, que la
orienta al crecimiento y a la protección de los otros. Es el
'genio de la mujer' que le permite adquirir muy pronto madurez,
sentido de responsabilidad, respeto por lo concreto, resistencia
ante las adversidades. Este patrimonio virtuoso impulsa a las
mujeres a estar presentes activamente en la familia y en la
sociedad, proponiendo soluciones innovadoras a los problemas
económicos y sociales.
R.V.
¿Cómo se concilia en la mujer el trabajo con su papel en la
familia?
A.A.
Se trata de un problema importante. La sociedad debe valorar
adecuadamente el trabajo desarrollado por las mujeres en la
familia y en la educación de los hijos, reconociendo su valor
en el ámbito social y económico.
R.V. ¿Cómo se configura hoy la aportación
de la mujer a la vida de la Iglesia?
A.A. En la Iglesia el signo de la mujer
es más que nunca central y fecundo. Ya desde el principio la
Iglesia se consideró una comunidad vinculada a Cristo por una
relación de amor. En tal sentido, la Iglesia, esposa de Cristo,
ha visto siempre en María su madre y modelo. Aprende de ella
algunos comportamientos fundamentales como la acogida en la
fe de la palabra de Dios y el conocimiento profundo de la intimidad
con Jesús y de su amor misericordioso.
La referencia a María, con sus disposiciones de escucha,
de acogida, de humildad, fidelidad, alabanza y espera, coloca
a la Iglesia en continuidad con la historia espiritual de Israel.
Aun siendo estas actitudes comunes en cada bautizado, de hecho
es característico de la mujer vivirlas con una intensidad y
una naturalidad particulares. Así, las mujeres tienen un papel
de la mayor importancia en la Iglesia, pasando a ser modelo
y testigo para todos los cristianos de cómo la Esposa debe corresponder
al amor del Esposo. De esa manera contribuye de forma única
a manifestar el rostro de la Iglesia como madre de los creyentes.
R.V
¿Le gustaría añadir unas palabras para terminar?
A.A. Las palabras de conclusión
son dos: redescubrimiento y conversión. Redescubrimiento de
la dignidad común del hombre y la mujer, en el reconocimiento
recíproco y en la colaboración. Conversión por parte del hombre
y de la mujer a su identidad originaria de 'imagen de Dios',
cada uno según su propia gracia.
La Introducción de la Carta
dice:
"Experta en humanidad, la Iglesia ha estado siempre interesada
en todo lo que se refiere al hombre y a la mujer. En estos últimos
tiempos se ha reflexionado mucho acerca de la dignidad de la
mujer, sus derechos y deberes en los diversos sectores de la
comunidad civil y eclesial. Habiendo contribuido a la profundización
de esta temática fundamental, particularmente con la enseñanza
de Juan Pablo II, la Iglesia se siente ahora interpelada por
algunas corrientes de pensamiento, cuyas tesis frecuentemente
no coinciden con la finalidad genuina de la promoción de la
mujer.
"Este
documento, después de una breve presentación y valoración crítica
de algunas concepciones antropológicas actuales, desea proponer
reflexiones inspiradas en los datos doctrinales de la antropología
bíblica, que son indispensables para salvaguardar la identidad
de la persona humana. Se trata de presupuestos para una recta
comprensión de la colaboración activa del hombre y la mujer
en la Iglesia y el mundo, en el reconocimiento de su propia
diferencia. Las presentes reflexiones se proponen, además, como
punto de partida de profundización dentro de la Iglesia, y para
instaurar un diálogo con todos los hombres y mujeres de buena
voluntad, en la búsqueda sincera de la verdad y el compromiso
común de desarrollar relaciones siempre más auténticas".
Click
aquí para leer el texto completo.
CDF/CARTA:COLABORACIÓN/RATZINGER:AMATO
VIS 040731 (1500)