
Septiembre
03
08
Natividad de la Santísima Virgen María
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14
La Exaltación de la Santa Cruz
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Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael
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Aclaraciones * Mientras no se indique algo diferente, las narraciones de los Santos, han sido tomadas de la 4ta edición del "Año Cristiano" de Fray Justo Pérez de Urbel, publicada en 1951. (Ediciones FAX. Madrid, España) * Los santos canonizados en años posteriores, se tomarán de otras fuentes, y se irán añadiendo progresivamente al Santoral. Derechos Si alguien, reclamando los derechos legales de esta obra, o de las imágenes aquí utilizadas, desea que se suspenda su publicación, por favor diríjase a Correo HDV. |
SAN CIRILO DE JERUSALEN
Obispo y Doctor de la Iglesia (313-386) Memoria obligatoria
18 de marzo
El siglo IV es una época de luchas teológicas, las más agitadas, las más encarnizadas que han existido en la Iglesia. Los grandes doctores discuten, argumentan, satirizan, manejan la pluma como una maza, lanzan opúsculos en infolios, que son bombas. Pero en medio de los polemistas y los luchadores aparece un hombre que, sin apartarse un punto de la ortodoxia, se esfuerza por mantenerse alejado del campo de batalla; en medio de aquella literatura militante y tumultuosa brilla un libro de aire reposado, de sencillo acento, tono íntimo y emocionante, en cuyas páginas encuentra un sedante el espíritu fatigado por el ruido de las controversias. Son las Catequesis de San Cirilo de Jerusalén. Origen desconocido, juventud escondida en el silencio de la vida monástica, vida enamorada de la paz y lanzada por las circunstancias a todos los tumultos de la lucha. Obispo en 348, se ocupa en instruir a su pueblo, en atraer con su mansedumbre a los herejes, en acudir al socorro de los necesitados. Con motivo de un hambre general, no teme deshacerse de los tesoros de la iglesia. Las luchas fratricidas entre obispos se presentan a sus ojos como un peligro de escándalo para los débiles; se llena de tristeza al ver las divisiones que desgarran a la Iglesia, y quiere ser neutral; pero siempre reprobando los dos errores extremos, el arrianismo y el sabelianismo. Comulga con los eusebianos y con los intérpretes puros de Nicea, tal vez sin darse cuenta del alcance de la cuestión que se debatía entre ellos. Pero los arríanos le odian, porque han visto en él un enemigo. Es acusado, depuesto, expulsado de la ciudad santa. Tres veces le lanzan al destierro, y la última de ellas se ve obligado a andar errante por las ciudades de Asia y por las lauras cenobíticas durante once años (367-378). Pero asiste al triunfo definitivo de sus ideas, toma parte en el concilio ecuménico de Constantinopla (382) y se extingue poco después, alegre de ver que va renaciendo la concordia en los espíritus. La Iglesia le honra como el príncipe de los catequistas. La catequesis en su tiempo era la enseñanza oral que preparaba a los catecúmenos a la recepción del bautismo. En este género sencillo y popular, San Cirilo nos dejó verdaderas obras maestras. Todas ellas datan del primer año de su episcopado. No las escribió él mismo; las predicó, y los estenógrafos las recogieron. Su palabra tiene las cualidades y los defectos del estilo hablado e improvisado: es práctica, viva, apremiante, cordial y, a veces, patética. Las digresiones y los paréntesis la entorpecen de cuando en cuando; pero siempre se ve el espíritu claro, metódico y preciso. Desde la introducción, Cirilo habla del pecado y la penitencia; en la tercera instrucción empieza a tratar del bautismo; consagra doce a explicar las sentencias del Símbolo, y en las cinco últimas da una cabal inteligencia de los ritos y ceremonias del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía. Son las catequesis mistagógicas, en las cuales su lenguaje se reviste de una gracia más suave, de una más tranquila y afectuosa cordialidad.
Se ha observado, por unos con malicia y por otros con escándalo, que Cirilo no habla nunca de Arrio y los arríanos, que evita cuidadosamente las palabras que eran objeto de discusión, y que no emplea una sola vez la palabra omousios. Este proceder es un acto de prudencia, y se explica por el carácter de su auditorio y el temperamento de su espíritu. Quiere hacer una obra de edificación, no de controversia. Le disgustan las fórmulas que pueden aumentar la división, hace cuanto puede por no herir a los adversarios, y elimina toda expresión capaz de turbar los espíritus. A los términos filosóficos, recientemente introducidos, prefiere las fórmulas consagradas por la antigüedad. No es un teólogo al estilo de San Atanasio; es un catequista que instruye piadosamente; pero como catequista ocupa un puesto distinguido entre los maestros del pensamiento cristiano, cuyos escritos forman la riqueza permanente de la Iglesia. |
AAdoración de los Santos Reyes (Ene) Anuncianción de la Santísima Virgen (Mar) San Anselmo de Canterbury (Abr) San Atanasio de Alejandría (May) San Agustín de Cantorbery (May) San Aníbal María Di Francia (Jun) San Alfonso María de Ligorio (Ago) La Asunción de nuestra Señora (Ago) Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael (Sep) Santos Angeles custodios (Oct) «»
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