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Aclaraciones * Mientras no se indique algo diferente, las narraciones de los Santos, han sido tomadas de la 4ta edición del "Año Cristiano" de Fray Justo Pérez de Urbel, publicada en 1951. (Ediciones FAX. Madrid, España) * Los santos canonizados en años posteriores, se tomarán de otras fuentes, y se irán añadiendo progresivamente al Santoral. Derechos Si alguien, reclamando los derechos legales de esta obra, o de las imágenes aquí utilizadas, desea que se suspenda su publicación, por favor diríjase a Correo HDV. |
CUARTO DOMINGO DE PASCUA
EL BUEN PASTOR Cuarto domingo de pascua
Abiertos los ojos a una doble luz, el ciego de nacimiento acababa de pronunciar su bella confesión de fe: «Señor, yo creo que Tú eres el Hijo de Dios.» Era durante la fiesta de los Tabernáculos, fiesta otoñal, decorada de guirnaldas y ramos de palmeras y alegrada con acordes de salterios y tañidos de trompetas. Jesús enseña en un patio del Templo. Un grupo numeroso le rodea, sorprendido por las palabras misteriosas del Hombre iluminado. Este hombre acaba de ser arrojado de la sinagoga; es una oveja que los pastores de Israel no quieren ya admitir en su rebaño. Pero el indeseado, el excomulgado va a consolarse con una de las parábolas más emocionantes del Evangelio.
Jesús sigue desarrollando la alegoría: «Yo soy la puerta; quien entra por Mí, será salvo. Entrará, y saldrá y encontrará pastos abundantes... Yo soy el Buen Pastor; conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a Mí. Yo vine para que tengan vida. una vida abundante.» Cristo es a la vez el pastor y la puerta del aprisco. Encontramos aquí esa contradicción aparente que existe siempre que se trata de su persona. Todas sus enseñanzas sobre Sí mismo son paradójicas. El creyente conoce bien la solución: Jesús es el Verbo encarnado. Dios y hombre al mismo tiempo; por Él, y sólo por Él, entran las ovejas en el aprisco; sólo por Él pueden entrar también los pastores legítimos, en virtud de una vocación celeste que de Él mana, en virtud de una participación en los derechos que ha habido sobre el rebaño a consecuencia del sacrificio de su humanidad, unida personalmente a la divinidad. Todos los que se arrogan una autoridad sobre su rebaño sin haber recibido esa participación son mercenarios, seudoprofetas, explotadores y embaucadores de pueblos, como aquellos de quienes decía un Profeta: «¡Ay de vosotros, pastores de Israel, que sólo cuidáis de apacentaros a vosotros mismos! Cogéis la leche para alimentaros y la lana para vestiros; matáis las ovejas gordas y no os preocupáis de engordar las flacas, de curar las enfermas, de poner vendas a las llagadas, ni buscar las que se han extraviado... Por eso dice el Señor: Yo sacaré mi rebaño de vuestras manos, arrancaré mis ovejas de vuestros dientes, no serán ya vuestra presa, y Yo las salvaré.» Estas son las palabras de Cristo a todos los falsos pastores. Él es el Buen Pastor. ¿Cómo reconocerle? Por el amor, que es fruto de la bondad. Ahora bien: la prueba del amor es la muerte aceptada, la sangre derramada por el amigo en peligro. El mercenario ve venir al lobo y huye cobardemente mientras el lobo se arroja sobre el rebaño: el Buen Pastor hace frente al enemigo, dichoso de morir por aquellos a quienes ama; ofrece su vida generosamente, porque el amor vence todos los obstáculos, arrostra todos los peligros; desprecia los insultos, las fatigas, la misma muerte. «Yo doy mi vida por mis ovejas», dice ahora Jesús; y unos meses más tarde será derramada su sangre. Pero su muerte no será un óbice, sino la condición «para que se haga un solo rebaño y un solo pastor».
El fruto del árbol de la Cruz es la reunión del rebaño
de Cristo, la formación de su Iglesia. Por eso la sagrada liturgia
presenta a nuestra consideración, durante estos días que
siguen a las fiestas de Pascua, esta hermosa parábola, imagen
de la Iglesia, místico redil cuya puerta es el mismo Cristo.
Por eso también los primeros cristianos, ovejas perdidas entre
las tinieblas de la gentilidad o entre las zarzas espesas del mosaísmo,
cuando tenían la dicha de oír la voz de Cristo, hallaban
un gozo especial representándole bajo el símbolo del Buen
Pastor, memorial de un Dios hecho hombre, que, muriendo en la Cruz,
le había llevado del paganismo a la Iglesia, donde les colmaba
de sus gracias, les alimentaba con su carne y su sangre, y, Cordero
virgen, nacido de una Oveja virgen, les conducía por los senderos
de la pureza y del sacrificio a las praderas inmarcesibles de la eternidad.
La figura del Buen Pastor es uno de los temas predilectos del arte cristiano
en sus primeros días, ornamento simbólico de los objetos
del culto, de los utensilios familiares, de las basílicas y de
los mausoleos. Se le encuentra en los muros de
«Por mi vida, que es galán |
TSanta Tais, la Penitente (Oct) Tercer domingo de Adviento (Fie) Tercer domingo de Cuaresma (Fie) Santa Teresita del niño Jesús (Oct) Santo Tomás de Villanueva (Oct) Santo Toribio de Astorga (Abr) «»
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