Hijos de la Divina Voluntad

 

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Re-Descubramos la Pasión de Jesús, Camino, Verdad y Vida

Recopilado por Hno. Juan Gabriel Mejía hdv (Marzo 2004)

A propósito de la película "La Pasión"
de Mel Gibson. Enseñanzas de la Divina
Voluntad sobre el sentido, valor y
efectos de la pasión de Jesucristo
nuestro Señor. 


"Llevamos siempre en nuestros cuerpos, por todas partes, el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús 
se manifieste en nuestro cuerpo." Cf. 2 Co 4,10


Con la meditación de la Pasión del Señor podemos afirmar lo que la pequeña hija de la Divina Voluntad, la Sierva de Dios Luisa piccarreta le dice en su carta al finalizar el libro de las 24 HORAS DE LA PASION DE NUESTRO SEÑOR, a San Anibal De Francia:

"Yo creo que si quien se pondrá a meditarlas es pecador, se convertirá, si es imperfecto, se volverá perfecto, si es santo, se hará más santo, si es tentado, triunfará, si sufre, podrá encontrar en estas Horas la fuerza, la medicina, el consuelo, y si su alma es débil y pobre, hallará un alimento espiritual y un espejo en el mirándose continuamente se embellecerá y se hará semejante a Jesús, nuestro modelo."

El alma, penetrando en estos excesos de amor y de dolor, se va entonces transformando en Jesús, llegando así a recibir el fruto completo que Nuestro Señor mismo quiso que dieran sus sufrimientos, el que volviera a nosotros aquel orden primero para el cual fuimos creados y que el pecado nos arrebató, es decir: Vivir en la Divina Voluntad, hacer la Voluntad de Dios "como en el cielo así en la tierra".

Las cruces, las mortificaciones y cualquier tipo de sufrimientos son cada uno una fuente bautismal; y cualquier especie de cruz que esté como bañada con el pensamiento de la pasión de Nuestro Señor, pierde la mitad de su aspereza y disminuye la mitad de su peso .

Cuando Jesús escucha estas HORAS DE LA PASIÓN, oye su misma voz, su mismas oraciones; ve su Voluntad en el alma que las hace, es decir, ve que quiere el bien de todos y que quiere reparar por todos; y se siente llevado a morar en ella, para poder hacer El en ella lo que ella misma hace. Cuanto bien se haría si al menos fuera una sola alma en cada pueblo, en cada ciudad, hiciera estas HORAS DE LA PASIÓN, pues la justicia Divina, grandemente irritada en estos tiempos, quedaría en parte aplacada.

El mundo está en continuo acto de renovar la pasión del Señor; y puesto que la inmensidad de JESUS envuelve a las criaturas por dentro y por fuera, estando en contacto con ellas, se ve forzado a recibir clavos, espinas, flagelos, desprecios, salivazos y todo lo que sufrió en su pasión y aún mucho más. Ahora bien, quien hace estas horas de la Pasión, estando en contacto con ellas, siente Jesús que le quitan los clavos, que las espinas se deshacen, que le curan las llagas, que le limpian los salivazos; siente que le corresponden con el bien, el mal que recibe de parte de las demás criaturas; y El sintiendo que su contacto con estas almas no le hacen mal sino bien, se apoya cada vez más en estas almas.

A la Santísima virgen María nunca se le escapó el dejar de pensar en la pasión de su Hijo Jesucristo y a fuerza de repetirla se llenó totalmente de Dios. Así le sucede alma, a fuerza de repetir lo que sufrió Jesús llega a llenarse de El.

Todos los remedios que la humanidad necesita se encuentran en la vida y en la pasión de Nuestro Señor, pero las criaturas desprecian la medicina y no se preocupan de los remedios, por eso se ve que a pesar de todos los bienes encerrados en la redención, el hombre perece en su estado como afectado por una enfermedad incurable; pero lo que es de lamentar es ver que inclusos personas "religiosas" se fatigan por la adquisición de doctrinas, de especulaciones, de historias, pero de la Pasión nada.

El amor de Dios es fuego, pero no como el fuego material que destruye las cosas y las reduce a cenizas; el fuego Divino vivifica y perfecciona, y si quema, es por que consume todo lo que no es santo, los deseos, los afectos, los pensamientos que no son buenos; esta es la virtud del fuego Divino: quema el mal y da la vida al bien, de manera que si el alma no siente en si ninguna tendencia hacia el mal puede estar segura de que el fuego Divino está en ella, si en cambio siente en sí fuego y a la vez mezcla de mal, hay mucho que dudar de que se trate del verdadero fuego. 

La primera pasión de Nuestro Señor Jesucristo fue el amor, porque el hombre cuando peca, el primer paso que lo hace caer en el mal es la falta de amor, por lo que faltando el amor cae en el precipicio de la culpa. Así que, el amor, para rehacerse a través de Jesús por esta falta de amor de las criaturas, lo hizo sufrir más que todos, lo trituró casi más que debajo de una prensa, le dio tantas muertes por tantas criaturas reciben la vida. El segundo paso que produce la culpa es defraudar la gloria de Dios; y el Padre, para rehacerse dela gloria que las criaturas le quitan, quiso que su Hijo sufriera la pasión del pecado, o sea que cada culpa le daba una pasión especial. Si la pasión fue una. Por el pecado fueron tantas pasiones por cuantas culpas se cometerán hasta el fin del mundo, y así se rehizo la gloria del PADRE. 

El tercer efecto que produce la culpa es la debilidad en el hombre y por eso quiso sufrir Jesús la pasión por parte manos de los judíos, para restituirle al hombre la fuerza perdida.

Así que con la pasión del amor, se reparó y se puso a su justo nivel el amor, con la pasión del pecado se reparó y se niveló la gloria del Padre; y con la pasión de los Judíos se niveló y se le restituyó la fuerza perdida a las criaturas. 

En Jesús no fueron únicamente las manos y los pies los que le clavaron sobre la cruz, sino que todas las partículas de su humanidad, de su alma y de su Divinidad quedaron clavadas todas en la Voluntad del Padre; por que la crucifixión fue Voluntad del Padre; por eso quedo clavado y transmutado del todo en su voluntad; y esto era necesario, ¿por que cosa el pecado sino retirarse de la Voluntad de Dios, de todo lo que es bueno y santo y que Dios nos ha dado, creer ser algo por sí mismo y ofender al creador mismo? Y Jesús , para reparar esta audacia y este ídolo propio que se hace la criatura de sí misma, quiso perder del todo su Voluntad y vivir en la Voluntad del Padre a costa del Sacrificio.

El cielo con todo lo creado nos muestra el amor de Dios; el cuerpo de Jesús llagado nos muestra el amor del prójimo, tanto que la humanidad de Jesús que está unida a la Divinidad, de las dos naturalezas hizo una sola persona, de modo que en Jesús las dos naturalezas quedaron inseparables, por lo que no solo El dio satisfacción a la justicia divina sino que también obro la salvación de los hombres; y para hacer que todos asumieran la obligación de amar a Dios y al prójimo, no solamente hizo de estas dos una sola obligación, sino que la hizo un precepto divino. De manera que sus llagas y su sangre, son lenguas que le enseñan a cada uno el modo de amarse y la obligación que tiene de cuidar por la salvación de los demás.

Cada pena que sufrió Jesús, cada gota de sangre, cada llaga, cada oración, cada palabra, obra o paso, etc. produjo en su humanidad una luz que lo embelleció tanto, que deja extasiados a todos los bienaventurados. Ahora bien cada vez que el alma piensa en la pasión, en cada acto de compasión, de reparación, etc., no hace otra cosa que tomar luz de la humanidad de Cristo y embellecerse a su semejanza; de manera que cada pensamiento más sobre la pasión, será para el alma una nueva luz que le procurará un gozo eterno.

   





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